De nada sirven los grandes cambios obtenidos 30 años después en el marco evolutivo del papel de la mujer, si se siguen inculcando los modelos de feminidad-masculinidad. Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía y experta en estudios de género apunta que “Si el aprendizaje viril se sigue realizando en términos de superioridad respecto de las mujeres, la libertad de ellas no estará garantizada”. De este modo no vamos sin llegar a la verdadera igualdad de género, basada en que ambos sexos tengan los mismos derechos y no exista el fenómeno discriminatorio hacia la mujer que todavía sigue existiendo. Con educar para evitar la violencia no está todo hecho; se deben transmitir el respeto y la tolerancia, y mostrando a ambos géneros capaces de realizar las mismas tareas. Tanto, que las mujeres son capaces de llegar a ser altas directivas, como que los hombres perfectamente pueden llevar las riendas de una casa sin que se considere que es un “hombre afeminado” o un “calzonazos”. Términos muchas veces en boca de las mujeres. Muchas veces se da lugar a la discriminación del sexo femenino desde las propias mujeres. El permitir que el novio te diga lo que te tienes que poner, que te prohíba salir con tus amigos o las luchas entre féminas cuando el “macho” se ha ido con otra, son algunos de los ejemplos de permisión de subordinación por parte de las mujeres. Como dice la psicóloga Beatriz Santos : “No se trata de decir que niños y niñas son iguales, que también, sino de los detalles diarios, porque si un niño ve que es su padre el que siempre lleva el coche, ahí le transmitimos que las mujeres no pueden conducir.” Sin bien, nunca serán iguales los hombre que las mujeres en casos de comportamiento, pero la discriminación en cuanto a posibilidades no creo que sea debido a los genes ni a la propia naturaleza humana.
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