Tras la abolición de la esclavitud en el Norte y el Sur de EE. UU. (1865), el afroamericano continúa siendo considerado inferior en muchos Estados y durante largo tiempo. Reina la concepción de que es representante de la mano de obra barata, de la subordinación, y válido si acaso para ser limpiabotas o criado. A lo sumo, en la época dorada del jazz, útil para convertirse en cantante o bailarín… En artista capaz de acumular cuantiosa fortuna, pero no a través de los medios al alcance de los blancos. Haré a continuación un breve repaso del recorrido de los negros por la música, y de su gran aportación a ella, en la que queda gravada parte fundamental de su trayectoria histórica.
La tradición musical afroamericana
Los esclavos negros extienden su cultura, sus costumbres, sus cantos y sus danzas (provenientes del folklore africano), por todos los rincones de Estados Unidos conforme arriban al territorio, ya desde mucho antes de la Guerra de Secesión. Se mezclan entre ellos, aprenden los unos de los otros, y absorben también parte de la cultura de los blancos. Sus formas de expresión se asemejan a los lamentos, modos de transmitir el dolor y la queja de un pueblo afligido y golpeado con infatigable crueldad.
Sus cantos son, inicialmente, recuerdos africanos expresados y transmitidos de forma verbal entre los esclavos; pero, poco a poco, van incorporando instrumentos musicales y nuevas manifestaciones de estilo. En su habitual rutina de extenuante trabajo en el campo, el negro comienza a introducir formas de desahogo y transmisión de mensajes: primero el “call”, con duros lamentos provocados por las duras condiciones de trabajo; después las “work songs” hablando de sus conflictos y desventuras (cantos de prisiones); y los “hollers” (gritos), estos últimos breves frases reiterativas entonadas durante el trabajo. Los cantos son fomentados por los propios amos (ya utilizaron el sonido de los tambores para sincronizar el ritmo del remo en los barcos negreros), como método para agilizar el rendimiento del esclavo. Su temática, como aparece en los ejemplos siguientes, está plagada de tristeza, protesta, y deseos de libertad:
Cultivamos el trigo, y ellos nos dan maíz; horneamos el pan, y nos dan el mendrugo; cribamos la harina, y nos dan la cáscara; pelamos la carne, y nos dan la piel; y de esta forma, nos van engañando.
No más migajas de maíz para mí, no más, no más. No más latigazos del amo para mí, no más, no más…
Otro importante género son los cantos espirituales, canciones litúrgicas creadas por los esclavos y sus descendientes, los cuales fusionan sus antiguos ritos con la nueva fe cristiana. Su canto mana del dolor de quienes perdieron su patria, sin esperanza de volver a encontrarla. El ritmo sentido suele tener la forma de un diálogo entre el cantor y el coro, y sus letras están basadas en la Biblia. Los espirituales abren a los negros la vía de exponer públicamente sus cantos: una forma de libertad de expresión que alcanza grandes cuotas de popularidad.
La música de los esclavos ha ido asimilando valores musicales procedentes de los blancos, como las baladas de la Inglaterra Isabelina, rigodones de Francia, danzas españolas tradicionales, así como la música country. Los instrumentos primitivos son sustituidos por el clarinete, la trompeta, la corneta, el trombón, el piano, la guitarra, el bajo, el contrabajo y la batería. De esta forma distintos estilos empiezan a aflorar a partir de la emancipación de los esclavos, y se extienden entre mediados del s. XIX e inicios del s. XX. Las diferentes tendencias se suceden unas a otras, y cada estilo se apropia de algún elemento de su semejante: los “blues”, lentos y tristes; el “rythm & blues”, más fuertemente acentuado; el “gospel”, resultante de la adaptación de melodías de himnos; el “ragtime”, muy sincopado; y el “jazz”, caracterizado por la improvisación.
El blues y el jazz

Tras de la Guerra de Secesión aparece una nuevo estilo dentro de la música negra: el blues[1]. Éste se caracteriza por estar interpretado por un cantante acompañado siempre por su guitarra. En principio, el músico expresa sus sentimientos a través de canciones de carácter melancólico y melodía elemental, sin preocuparse de la rima ni de la elaboración de la música. Organiza sus canciones mediante la adaptación de tres líneas de poesía a doce compases. El blues primitivo no adquiere reconocimiento popular hasta la grabación del disco Crazy Blues por parte de la cantante de color Mamie Smith, en 1920. Su disco fue falsificado para ser revendido en el “mercado negro” (expresión de origen americano posterior a la esclavitud), que constituía el medio de venta clandestina que utilizaban los afroamericanos para obtener ganancias suficientes para subsistir. Estos blues, unidos a las canciones del trabajo, los espirituales, las marchas militares, baladas, etc. dieron como resultado final el maravilloso, anárquico e inspirado jazz, fuente de imaginación del mundo de color.
El jazz[2] es un estilo anárquico creado por los intérpretes negros americanos, y caracterizado por la riqueza rítmica. Es resultado de la convergencia de elementos de origen afroamericano (rítmica), euroafricano (melodía), y europeo (armonía). Nace en la ciudad de Nueva Orleáns, a orillas del Mississipí. Es aquí donde, junto a una gran vida comercial y social, surge el primer conjunto famoso de negros, conocido como la banda de Buddy “Kid” Bolden. Se forma en el barrio de Storyville, que se constituye como una zona dedicada a la diversión. Como respuesta a la creciente influencia de la música negra, las bandas formadas por blancos comienzan a imitar a las de los negros, y en este proceso surge un nuevo estilo: el Dixieland. El conjunto más famoso englobado en esta tendencia se da a conocer en Nueva York y Chicago, en 1915, con el nombre de Original Dixieland Jazz-Band.
En 1917, los salones de Storyville son clausurados, y los músicos de jazz han de emigrar. Se establecen principalmente de Chicago, donde eclosiona, en 1918, uno de los más importantes intérpretes de todos los tiempos: “King” Oliver, quien crea con rapidez su propia orquesta. Otro gran genio de la música negra entra a formar parte de ella en 1922. Se trata de Louis Amstrong, que graba los primeros discos de jazz junto con el también trompetista “King” Oliver.
En esta época, surge otro núcleo importante de jazz en Kansas City, en el que destacan “Count” Basie y su orquesta. El barrio de Harlem de Nueva York, centro también de música jazz, entra en crisis con la caída de la Bolsa de Wall Street en 1929, pero engendra tras ella nuevos intérpretes de gran valía. Entre ellos destaca “Duke” Ellington, considerado el representante más importante de la escuela de Nueva York.
En realidad, el gran jazz clásico nace en lugares complicados y difíciles de situar con exactitud; sin embargo, puede afirmarse con certeza que, antes de ser música pura y música de baile, el jazz fue canto, ritmo, poesía y religión.
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